1. Mover las orejas.
2. Hacer la voz del pato Donald.
3. Hacer que mis ojos tiemblen.
Estos son mis tres superpoderes infantiles.
Son un éxito total delante de nuestros hijos y de cualquier niño que se cruza conmigo y me sonríe.
El pato Donald es letal.
Esos superpoderes no solamente hacen la delicia de los pequeños que me rodean.
Sino que también mantienen vivo al niño que llevo dentro.
Un niño de 48 años que se comporta como un adulto cuando corresponde, pero que no duda en sacar su lado divertido siempre que puede.
Delante de Niños y de adultos.
Los primeros se dejan siempre… los segundos no tanto.
A algunos no les parece serio.
Pero te digo una cosa.
Este comportamiento solo persigue un objetivo: la risa.
Eso hace que mis hijos me vean como un cruce entre Phil Dunphy y Robin Williams.
He llegado a ganarme la vida haciendo reír durante años.
Un superpoder que despliego siempre que puedo.
También creo que la risa es lo primero que desaparece cuando una relación de pareja se estropea.
Y siento que en eso, también estamos en forma.
Tómate en serio a la gente divertida.
Acércate a ellos porque disfrutarás más de la vida y potencia al niño divertido que habita en ti.
La vida me ha demostrado que casi nada es para tanto.
Vive para conseguir que el día que te vayas definitivamente la gente diga…
¿Ya?
Porque se les hizo corto.
PD: dedicado a ese café pendiente desde hace 30 años.
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