¿Puedo fiarme de mi pulsera de actividad?

Seguro que no soy el primero que está mosqueado con los datos de su pulsera de actividad. ¿Te ha pasado alguna vez que, sin haber salido de casa ya te ha contabilizado cuatro mil pasos? Vale que mi casa tiene mucho pasillo, pero ni que fuera el hotel de El Resplandor.




Ocupan la mayoría de las muñecas de la “gente moderna”. Son pulseras de actividad que nos prometen escanear nuestro día a día y pasarnos un bonito Powerpoint diario con diferentes datos: calidad del sueño, pulsaciones, calidad de la respiración y el famoso contador de pasos que, bajo mi punto de vista, es más que cuestionable.


Mirando mis estadísticas de la última semana, debería tener el cuerpo de Gandhi a juzgar por el número de pasos que este gadget de nuestro tiempo me contabiliza diariamente. Siempre por encima de los diez mil recomendados y con una media que supera los trece mil.

Según las cifras de mi pulsera yo debería ser Forrest Gump y tener el cuerpo de Gandhi.


¿Qué me ha animado a escribir este post?


La risa. La que me entró hace un par de días cuando mecía el cuerpo de mi hija Alma para que se durmiera la siesta. Esa siesta de dos-tres horas veraniegas que nos da la vida a mi chica y a mí.


Fue durante ese suave movimiento rítmico durmiendo a mi hija cuando, una vez más, me tembló la muñeca. Era la notificación jovial de que había conseguido mis diez mil pasos mientras lo único que hacía era dormir a mi hija.


Dicen los expertos que los datos son el nuevo petróleo. Supongo que habrá de todo, como en botica. Porque la fiabilidad del origen y medición de esos datos son la base de su credibilidad.


Seguro que, durante la escritura de este post mi pulsera cuenta con que he bajado a por el pan y he vuelto a subir.


Voy a verlo. 


AUTOR: Nacho Caballero. Speaker y Formador experto en Storytelling y Motivación. 

Nacho Caballero

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Madrid. España.

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