DE TU FAMILIA, TAMBIÉN TE PUEDEN DESPEDIR. Storytelling sobre conciliación.



Es una de mis frases icónicas. Esta semana se la he dicho a una de las personas que me ha regalado Linkedin para mi vida real; Óscar Pérez. Al escucharla, sacó de su bolsillo una libreta, del todo analógica, para dejarla apuntada. Todo un orgullo.


Una frase que rima con el estudio que ha surgido esta semana, del que se deduce que los padres (incluyo madres) españoles pasan junto a sus hijos en cómputo global, tres de los primeros doce años de su vida. En esa primera docena de años, viene a concluir que los padres tienen a los hijos pero, en general, han decidido "delegar el cuidado lo que más quieren a personas a las que pagan cinco euros por hora". Otra de mis frases dardo.


Hace más de tres años que dije en una charla TED que, desde que soy padre, entiendo a la gente que no quiere serlo. Me basaba en la idea de que, aunque todo vaya bien, es agotador. Sin embargo, desde entonces, lucho para que la sociedad comience a ver con otros ojos a los padres que no se ocupan de sus hijos. Una conducta irresponsable y que debería ser censurada y castigada a nivel colectivo. Porque las consultas de psicología se llenan de adultos con problemas que, en la mayoría de los casos, conectan con el papel de la madre o padre del afectado.

Mis padres no estaban en casa porque trabajaban para que no nos faltara de nada

Otra frase trampa... a cambio de eso, te faltaron tus padres. ¿Te parece poco? Hace un par de generaciones, era el padre el que faltaba en la infancia de los hijos. Ahora también es la madre. Porque hay que pagar muchas facturas de cosas y servicios que no necesitamos realmente. O que al menos, son mucho menos valiosos que pasar tiempo junto a nuestros pequeños en unas edades tempranas y cruciales, en las que introducimos a nuestros hijos el "sistema operativo" con el que se moverán por la vida.


Estoy cansado de ver a niños que nunca van acompañados de sus padres. Ni a la entrada ni a la salida del colegio. Son esos padres y madres que son, de repente unos extraños, cuando hay una reunión colectiva con la profesora y los ves por primera vez.


Ahora es cuando me dirás que los trabajos impiden a los padres conciliar. No siempre.

En el trabajo cambiamos tiempo por dinero. Cuanto más dinero necesitemos, más tiempo tenemos que dar a cambio. Quizá no necesitabas comprar un coche tanque por tener un hijo, quizá tampoco el smartphone último modelo, tu hijo tampoco te ha exigido una habitación de quince metros cuadrados y un cuarto de juegos, no te ha pedido de rodillas que te rehipoteques con cuarenta años. De verdad, que a tu hijo no le interesa la calidad de ese colegio al que le lleva otra persona... porque tú tienes que trabajar agachando las orejas para poder pagarlo.


Si lo haces para que no te despidan, piensa que en de tu familia, también te pueden despedir. Echa cuentas y además de pensar en la economía productiva, piensa por un momento en la reproductiva.


Tengo el peor coche de todos mis amigos: este año cumple trece años. Vivimos en la misma casa que teníamos antes de ser padres, duermen en habitación compartida con una cama nido porque no hay más, van a un colegio público que está a seis minutos caminando de nuestra casa. A cambio, yo trabajo dieciséis horas a la semana porque no quiero ganar más, para pagar a la persona que los cuide por las tardes. Prefiero hacerlo yo.


Me siento más realizado en el banco del parque con mis hijos, que ocupando el sillón de un CEO.

No ha sido fácil darme cuenta de que es una cuestión de prioridades. Es complejo, pero se puede hacer.

Óliver y Alma son mis hijos. El mes que viene cumplen seis y cuatro años respectivamente. Los quiero con locura y han pasado el 98% de su vida (excepto las horas de colegio) en compañía de sus padres.


He presenciado todos sus hitos y momentos especiales en directo. También los he visto crecer en el día a día; contarles lo que vemos por la calle, lo que hacemos o dejamos de hacer, ponerles límites que les han ido dando forma, razonar, discutir, reír, llorar con ellos cada día, levantarles del suelo cuando se caen y darles consuelo con un abrazo.


He sido promotor y testigo de cómo se desarrolla su lenguaje a una velocidad frenética, lo que redunda en su inteligencia, felicidad, equilibrio, capacidad para comer y dormir bien... tanto por las noches, como las siestas de dos horas los fines de semana.


No es Suerte. Es dedicación, responsabilidad y la búsqueda de un nuevo equilibrio... en el que lo más importante de todo es mi relación con Fátima. Porque nuestros hijos, más que ser la causa de que nos queramos, son la consecuencia.


Si necesitas ayuda para hacer el viaje que cambie tus prioridades, aquí me tienes.


AUTOR: Nacho Caballero. Speaker y Formador experto en Storytelling y Motivación

Nacho Caballero

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hola@nachocaballero.com

Madrid. España.

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